El consultor de organizaciones, escritor y profesor Stephen Covey en su renombrado libro "Los Siete Hábitos De La Gente Altamente Efectiva" cuenta una interesante y altamente instructiva historia que se encuentra en la revista Naval Proceedings, del Instituto Naval de los Estados Unidos que dice más o menos así:
Era una noche oscura y tormentosa.
Tripulante: "Capitán, capitán, despierte".
Capitán: "¿Bien?"Tripulante: "Siento despertarlo, señor, pero tenemos un problema grave".
Capitán: "¿Qué es eso?"
Tripulante: "Hay un barco en nuestra línea marítima a unos treinta kilómetros de distancia, y se niegan a moverse".
Capitán: "¿Qué quieres decir con que se niegan a moverse? Solo diles que se muevan ".
Tripulante: "Señor, les hemos dicho; no se moverán ".
Capitán: "Yo se lo diré".Luego, el capitán dijo al tripulante: "Señala a esa nave: estamos en curso de colisión, te aconsejamos cambiar el rumbo 20 grados".
Volvió una señal: "Aconsejable que cambies de rumbo 20 grados".
El capitán dijo: "Envía, soy capitán, cambia de rumbo a 20 grados".
"Soy un marinero de segunda clase", fue la respuesta. "Es mejor que cambies el rumbo a 20 grados".
En ese momento, el capitán estaba furioso. Él escupió: "Enviar, esto es un barco de guerra. Cambiar el curso 20 grados ".
Detrás vino la luz intermitente, "Esto es un faro".
Capitán :"Cambiamos el rumbo ".
Un faro marítimo, una torre para navegantes fue literalmente identificada como un barco.
Esta historia nos enseña una lección inapelable: El faro en la historia representa las verdades básicas sobre el mundo. Estas verdades o fundamentos se pueden llamar principios, valores o como siempre se le han llamado, virtudes.
La historia del faro nos ilustra que hay principios que no pueden ser violados con impunidad. Se mantienen firmes. Se basan en la verdad, y si los ignoramos y los desafiamos es bajo nuestro propio riesgo.
Podemos decir que los principios son algo que no se negocia, y con ellos no se puede claudicar.
En otro sentido, tenemos tambien valores que son mas características morales de la persona.
Estos serían lo que siempre se llamó virtudes, y que por el mero hecho de llamarlos valores paradojicamente pierden un poco de su valor.
Las virtudes son una disposicion natural para hacer el bien, son bienes en si que posee una persona determinada.
Algunas de estas virtudes o valores son la humildad, la responsabilidad, la paciencia.
Podríamos decir que de alguna manera las virtudes o los valores contribuyen a lo bello, a lo bueno, a lo justo y mejoran la sociedad.
La virtud es excelencia moral. Una virtud es un rasgo o calidad que se considera
moralmente bueno.
En resumidas cuentas volviendo al famoso faro este es un ingenio, un útensilio para llegar a buen puerto, asi como los principios son mecanismos, por decirlo de alguna manera, orientados a llevar la vida del humano a buen puerto y no naufragar, ni estrellarse. Estos faros marítimos son guias, rumbo, dirección.
Lo que la sociedad actual hace es algo asi como los contrabandistas que poniendo falsos faros, mediante una hoguera por ejemplo desorientaban a los barcos haciendolos estrellarse contra las rocas, para luego poder asaltarlos. Asi hace esta sociedad de nuestros tiempos para que la gente se estrelle y fracase.
La sociedad no sólo hace que se claudique con los principios, no. Hace algo aún más astuto y perverso:
Confundir y desorientar al humano de a pie haciéndole creer que lo más importnate no es importante y viceversa. Ejemplos flagrantes de ello: la Fe, la Verdad, la moral, la dignidad humana, la sacralidad de la vida, la verdadera libertad, el valor de las cosas por encima del precio de las cosas.
Ocultan estos faros marítimos que conducen a una persona en su travesia por esta vida, le permiten atravesar la tormenta y llegar a puerto seguro. Estos principios, virtudes y valores con los cuales una persona es dificilmente se puede equivocar en la vida.
En el lugar de la Fe promueven la duda y la inseguridad.
A la Verdad oponen, las medias verdades, la falacia.
La Fe y la Verdad crean paz en la persona y proporcionan la única consolación válida sólida y consistente ante los embates de la vida y ante el dolor y el sufrimiento que todo humano ha de encarar tarde o temprano. Pues bien, se les arranca de debajo de los pies como una alfombra, y asi ya en la adolescencia (otra manipulación) se elimina el suelo estable bajo los pies de la persona dejándola en arenas movedizas constantes.
En lugar de la moral el hedonismo, el consumismo y la busqueda desenfrenada del placer a cualquier coste.
En lugar de la paciencia, las prisas infantiles y la ansiedad.
El sacrificio es una palabra ya que suena incluso anticuada.
La fortaleza y el caracter han desaparecido practicamente en las personalidades de los occidentales. Esta carencia se suple con ropa, colonias y diferentes tipos de droga, no sólo el alcohol, sino tambien el estar con la nariz pegada al móvil, las series de televisión, y demás.
Y no digamos del trabajo duro y el afán de aprendizaje. La cultura actual promociona la pereza y en poco impulsa la mejora personal, a cambio se le ofrece al pobre humano de hoy día libros de auto-ayuda, técnicas de la Nueva Era, gimnasio, spa y engañosos cursos.
A la honestidad, decir siempre la verdad sin ser hirientes, tratando a los otros con respeto. se le ha tapado la boca con la manipulación y la deslealtad, con el vivir de las apariencias, la desverguenza en el habla el irrespeto hacia todos y todo.
A la humilad se le antepone hoy la arrogancia generalizada, una arrogancia que la mayoria de las veces viene a consecuencia de la ignorancia. Hoy en dia todos se saben sus derechos y creen merecer más de los que les corresponde.
La gratitud en un mundo que se mueve muy deprisa es tambien una gran olvidada. Nos quejamos de lo que no tenemos o de lo que tenemos y no somos agradecidos, en nuestra vida hay motivos de sobra para la alegría y para dar gracias. No hay más que mirar alrededor hoy día para oir a todos quejarse sin parar, del clima, del trabajo,de un pequeño dolor.
Tenemos tambien la lealtad a la cual la cultura divorcista ha ido minando poco a poco y convirtiéndola también en algo pasado de moda.
La integridad, la congruencia entre lo que se piensa y lo que se hace. La valentía y el coraje.
La responsabilidad asumir las consecuencias de nuestros actos y cumplir con nuestros compromisos y obligaciones ante los demás, todos estos simplemente con la mentalidad abortista ya son tiradas por los suelos. Puedes hacer un hijo o veinte y no necesitas responsabilzarte pues te lo puedes quitar de encima. Claramente un arma de doble filo para la sociedad, un arma de destrucción masiva para los principios, virtudes y valores.
Señores el aborto y el divorcio no sólo destituyen la integridad, la responsabilidad, y el compromiso en las personas y a la larga en toda la sociedad, sino tambien acaban con la compasión y la generosidad. Otro falso faro promocionado a todos los niveles: el egoismo. A este tambien lo fomenta que es un primor el divorcio y el aborto, además del smartphone y el porno. Egoismo infantilizado a más no poder.
¿Y qué decir de la devoción, ese compromiso profundo, ese servicio incondicional, ese entregarse a lo que uno ama con todo su ser? Casi da vergüenza pronunciar la palabra en estos tiempos. Y es que a fuerza de re-ingenieria y manipulación en los medios, en la política, en los colegios han conseguido hacer que todas estas palabras, estos principios y valores inalienables e imprescindibles, no sólo para el buen funcionamiento de una sociedad sino para la salud psicólogica misma del individuo parezcan ya una cosa de las abuelas, algo de nuestros antepasados, porque oye, estamos en el siglo XXI y estas cosas ya no se llevan.
El consultor de organizaciones, escritor y profesor Stephen Covey en su renombrado libro "Los Siete Hábitos De La Gente Altamente Efectiva" cuenta una interesante y altamente instructiva historia que se encuentra en la revista Naval Proceedings, del Instituto Naval de los Estados Unidos que dice más o menos así:
Tripulante: "Capitán, capitán, despierte".
Capitán: "¿Bien?"Tripulante: "Siento despertarlo, señor, pero tenemos un problema grave".
Capitán: "¿Qué es eso?"
Tripulante: "Hay un barco en nuestra línea marítima a unos treinta kilómetros de distancia, y se niegan a moverse".
Capitán: "¿Qué quieres decir con que se niegan a moverse? Solo diles que se muevan ".
Tripulante: "Señor, les hemos dicho; no se moverán ".
Capitán: "Yo se lo diré".Luego, el capitán dijo al tripulante: "Señala a esa nave: estamos en curso de colisión, te aconsejamos cambiar el rumbo 20 grados".
Volvió una señal: "Aconsejable que cambies de rumbo 20 grados".
El capitán dijo: "Envía, soy capitán, cambia de rumbo a 20 grados".
"Soy un marinero de segunda clase", fue la respuesta. "Es mejor que cambies el rumbo a 20 grados".
En ese momento, el capitán estaba furioso. Él escupió: "Enviar, esto es un barco de guerra. Cambiar el curso 20 grados ".
Detrás vino la luz intermitente, "Esto es un faro".
Asi pues, los valores contrarios , los anti-valores y anti-principios que hoy directa e indirectamente se auspician y favorecen, la impaciencia el hedonismo, la banalidad, la mediocridad, la incultura y la ignorancia, el no pensar por uno mismo, el dejarse llevar por los estados de ánimo, por las modas, por el ultimo hit, el ultimo exitazo, creando una personalidad tambaleante y carente de propósito y dirección. Faros cambiados de lugar...¡Un momento! olvídate de la paciencia, ya no se lleva, ahora lo puedes tener todo al momento.
Otro falso faro: la felicidad. Made in Hollywood o la de andar por casa de los libros de autoyuda, es una pescadilla que se muerde la cola y que cuanto más intentas atraparla más se aleja, produciendo infelicidad y frustración.
Volviendo a la fortaleza y el caracter, es decir la solidez, la consistencia, son estas dos metas alcanzables y más fiables para enfrentar los rigores de la vida y el calor de la batalla.
Otro falso faro: la felicidad. Made in Hollywood o la de andar por casa de los libros de autoyuda, es una pescadilla que se muerde la cola y que cuanto más intentas atraparla más se aleja, produciendo infelicidad y frustración.
Volviendo a la fortaleza y el caracter, es decir la solidez, la consistencia, son estas dos metas alcanzables y más fiables para enfrentar los rigores de la vida y el calor de la batalla.















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